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24.12.11

Llovía en la noche o quizá más bien granizaba, no me fijé. Qué le vamos a hacer; es lo que solía decir Kath.
Sé que a ella le dan miedo las noches tormentosas y por eso se tiró casi toda la noche en vela. 

Cuando amaneció, la vi plácidamente dormida aunque esta vez no sonreía. Esta vez  la encontré con los surcos de unas lágrimas constantes. Intenté limpiárselas pero con tan mala suerte que me abofeteó (mera autodefensa) y a continuación se despertó sobresaltándose.
- ¿Te he hecho daño?¿Te duele?- Me preguntó.
- No, preciosa- sonreí. -Lo único que me duele es el alma de saber que no paraste de llorar y que no hice nada para impedirlo- pensé.


31.10.11

Mily se volvió pastelera.

Todo comenzó cuando habló con Cupido. Le comentó todas las consecuencias que podía acarrear el volver a besarla, pero eso a ella no le importaba ya que era su anestesia y le hacía estar bien.
Lo único que Mily no soportaba eran esos momentos en los que sus mentes se entrelazaban y se preparaban media hora antes para ese maldito punto y aparte que traía consigo la ausencia. Solo quedaban un millón de suspiros y besos acumulados hasta la próxima vez.
¿Y qué hacía Mily mientras ella no estaba? Porque no quería llorar, ni desesperarse. Entonces lo que podía hacer era ahogar sus penas entre azúcar y limón.




(Ya fueron muchos los relojes que rompió solo para que el tiempo pasara más y más deprisa, porque la espera la consumía lentamente y ya con quedarte embelesada mirando al teclado y pensar en otra cosa que no fuera ella, no valía. Porque está en cada punto de su habitación, de su cama, de su mente e incluso de su cuerpo. Se dio cuenta del echo de que no podía separarse de ella ni un solo momento)

18.10.11

Miedo, tan "simple" como eso.

¿Has escuchado alguna vez la expresión: "tengo los huevos de corbata"?
Pues bien, si yo hoy fuera un tío, me estaría atragantando con ellos.
Que por qué, te preguntarás. Todo es a causa del miedo que tengo. Ese maldito miedo que se te enreda en el estómago y no te deja, ése que tanto conoces. 
Ni la velocidad del viento lo ha arrastrado a otro lugar, ni siquiera cuando he decidido pedalear más y más rápido para que me dejara. Únicamente me ha dejado en paz cuando me he dado cuenta de que el dolor de mis piernas era más agudo que el miedo. 
Y es que no puedo soportar la incertidumbre que me quiere acompañar día a día. El echo de no saber si el mañana aparecerá totalmente nublado y no hubiera más sol o que ni siquiera quisiera soñarte ni quererte.
Que estoy acojonada joder. MUY ACOJONADA.
Que lo único que quiero es que el resultado de tú+yo sea un de por vida elevado a infinito más uno.
Que te quiero Laura Carrillo. T-E--Q-U-I-E-R-O.
Pero es ese miedo lo que me paraliza muchas veces.

1.10.11

-¡Claro imbécil! ¡Claro que tengo miedo! Miedo de coger ese avión, miedo de estar allí sola.
- Y ¿cómo lo sobrellevas?
- Llamando a Eyphímera, claro.
- Pero... Si eso ya está olvidado ¿por qué tus ojos me siguen diciendo que estás acojonada?- le escruta de hito en hito la mirada.
De repente surge un silencio muy pesado que atraviesa toda la calle. Ella mira únicamente al suelo.
- Porque este miedo es el que se despierta conmigo, el que me acompaña día a día y sobre el que Eyphímera no tiene apenas poder.
Porque atraviesa mi garganta y me asfixia. Hace que, con lágrimas recorriendo mi cara y sin apenas aire dentro de mí, caiga al suelo mientras pasan los segundos más largos de mi vida. 
Ahí mi subconsciente me obliga a olvidar mis pulmones. Me dice que no estoy en el suelo llorando... Me dice que lo olvide, que me levante y siga, como lo hago siempre.
Y lo consigo; vuelvo a respirar.
- Pero... ¿por qué sientes esto?
Largo silencio. 
- Porque quizá, sin quererlo, vuelva a dejar de jugar a las princesas.








Click beibi! ;)

18.9.11


Pero justo antes de rozar las piedras afiladas y quedar físicamente destrozada, se le apareció algo. Era una luz muy intensa, de colores extraños. La sujetó y meciéndola, la llevó hasta un lugar seguro.
- No hagas jamás eso.- Dijo el resplandor- No vuelvas a sentenciar tu vida. No quiero ver cómo mueren tus ganas por todo y menos aún quiero verte llorar.
En ese momento se alejó casi a la velocidad de la luz.
- Desde aquí parece una estrella...- Dijo M y al instante palideció a causa de haber recordado lo que una vez le dijeron:
- "Lo único que debilita a las estrellas son sus propias lágrimas"

26.8.11

Esa noche odié quedarme en esta casa. 
¿Mis razones? Mirase donde mirase, faltaba algo. Como por ejemplo, a esa pared, le faltaba una espalda que esperaba ser aplastada contra ella, a ese suelo le faltaban unos pies que no esperaban de muy buena gana un roce que les hicieran desaparecer del lugar de donde reposaban, a esa cama le faltaba un cuerpo, SU cuerpo.
Os lo podéis imaginar. Esto es de locos, hay vacío donde nadie lo ve. Pero en fin, entre tú y yo, debes saber que estoy rematadamente loca.






Y eso, me gusta.